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martes, 5 de junio de 2012

Recomendaciones de ejercicios y estilo de vida en niños con Síndrome de Down





Cada vez son más los estudios que muestran la importancia del ejercicio físico para las personas con síndrome de Down. Se ha demostrado que el ejercicio físico ayuda a reducir el peso y parte de la grasa en exceso, favorece la metabolización aeróbica de las grasas quemando reservas energéticas, y aumenta el metabolismo basal. Además, el ejercicio físico tiene otras importantes ventajas que superan lo puramente metabólico: facilita la integración de las personas con síndrome de Down en la sociedad y mejora su bienestar.
Debido a su importancia, dentro de las actividades que realizan los niños con síndrome de Down debemos preocuparnos por proporcionar programas y tiempo para la actividad física. Es bastante frecuente que otras actividades también importantes, cuando no imprescindibles, como son el colegio, las clases de apoyo, el ordenador, la lectura, etc., acaparen todo el horario de los niños y adolescentes con síndrome de Down, y que entonces la actividad física pase a considerarse un poco como de segunda importancia. Además, en muchos casos, los problemas médicos sobreañadidos como son la cardiopatía congénita y sus secuelas, la inestabilidad atlantoaxoidea, la luxación de rótula, los problemas de los pies, o simplemente la sucesión de infecciones respiratorias de repetición durante la infancia, relegan el ejercicio físico a un segundo nivel. En estos casos es conveniente comentar con los especialistas el tipo de ejercicio que sea más adecuado para ese niño en particular, porque en casi todos los casos se puede incrementar la actividad física sin que el niño corra ningún peligro y mejore en cambio su calidad de vida.
En general, la actividad física se debe realizar de las dos formas siguientes: 

- Actividad física rutinaria y diaria. Ir andando al colegio o a hacer recados, en distancias que no superen los 30 minutos andando (según las edades y circunstancias, pero venciendo un poco la resistencia natural a andar), no usar el ascensor, salir a pasear, participar activamente en juegos, etc.
- Actividad física programada. Al menos 2-3 días a la semana durante 30-60 minutos realizar una actividad física que esté programada. Esta actividad puede ser atletismo en sus diversas modalidades, natación, bicicleta, etc. Se debe tener en cuenta las posibilidades y costumbres de la familia y las preferencias del niño.


Pero no sólo es el ejercicio físico. También el mantener una vida activa, participar en actividades de grupo, incluso tener un grupo de amigos, puede ayudar tanto a prevenir como a tratar la obesidad. No perdamos de vista que el objetivo final no es sólo la pérdida de peso sino la adquisición de hábitos de vida y alimenticios saludables, contribuyendo así a la mejora del bienestar.

6 Consejos para padres


Los padres tienen gran influencia en la salud de sus hijos, no sólo para prevenir, sino también, para revertir y tratar enfermedades, por eso, en el caso de niños y adolescentes con obesidad, resulta fundamental que los padres se involucren en el tratamiento para enfrentar con éxito su problema de salud y ayudar a superarlo.

Para colaborar al respecto, los padres deben saber que actuar como controladores de sus hijos e imponer medidas así como prohibir determinadas comidas no colabora en el tratamiento de la obesidad, sino que, los siguientes consejos para padres de niños obesos pueden resultar más favorables.
  • Enfocarse en la salud y dejar a un lado la estética puede ser más motivante para los hijos, asi como también, centrarse en lo positivo de cambiar y no en lo negativo de no hacerlo, es más fructífero en su tratamiento.
  • Ser el ejemplo y modificar malos hábitos junto a los hijos también es fundamental para que el niño no se sienta “ajeno” o “diferente”, pues todos nos beneficiaremos de movernos más y comer mejor.
  • Elogiar a los hijos ante cambios de conductas positivos, por ejemplo, cuando comen más verduras, cuando reducen la ingesta de chucherías o cuando reducen las horas de tele.
  • No bromear acerca de su peso ni categorizarlos de gordos, perezosos o lentos, ya que esto puede influir notablemente en sus conductas y sobre todo, en su autoestima y estado de ánimo, lo cual sabemos está fuertemente vinculado a la salud y sus cuidados.
  • Brindar un ambiente seguro con opciones saludables, es decir, no colmar el refrigerador de dulces, refrescos y pasteles, sino más bien, ofrecer alimentos sanos y prepararlos de igual manera para favorecer y facilitar, la adopción de saludables hábitos alimenticios en los adolescentes y niños del hogar.
  • Acompañar a los hijos es lo más apropiado y debe hacerse en todos sus aspectos, ya sea para salir a caminar, para compartir una comida en familia, para escucharlos cuando necesiten hablar o bien, organizando sus comidas y seleccionando buenos alimentos para ellos.

Éstos consejos pueden ayudar a los padres de niños y adolescentes obesos a ubicarse en la posición de facilitadores de un tratamiento para cuidar de la salud de sus hijos, que en definitivamente, es lo que deseamos cuando se trata de seres queridos